martes, 15 de mayo de 2012

ÈPOCA CONTEMPORANEA DE AMERICA LATINA

 ÈPOCA CONTEMPORANEA DE AMERICA LATINA

América Latina presenta una unidad y diversidad que le dan identidad y a la vez reconocemos aspectos comunes al Tercer mundo del cual forma parte.
Como aspectos que le dan unidad encontramos el pasado común, el subdesarrollo, la dependencia y el mestizaje. Encontramos a la vez una diversidad de climas, espacios geográficos, producciones, desarrollos, etnias y culturas.
América Latina tiene en común una población y una cultura que proviene de tres vertientes étnicas diferentes: la indígena, la europea y la africana. La ubicación de las distintas etnias es muy diversa.
El aporte negro, tiene una importancia fundmental en la zona de Las Antillas y el Caribe. Lo mismo sucede en Brasil que además cuenta con la presencia de algunos grupos indígenas.
Los países con mayor población indígena son Ecuador, Perú, Bolivia y algunas regiones de América Central y México.
La población descendiente de europeos predomina en Uruguay y Argentina.
Es justamente la diversidad del aporte étnico lo que define la riqueza cultural latinoamericana. Desde la conquista europea se ha ido conformando un ser humano nuevo y un a cultura rica por su multiplicidad.


SUB-DESARROLLO EN AMERICA LATINA

En América Latina la mayoría de los países habían alcanzado su independencia a lo largo del siglo XIX, pero sus economías continuaron siendo fuertemente dependientes no ya de España y Portugal sino de nuevas metrópolis, Inglaterra y luego Estados Unidos, que hicieron de ellos su reserva de materias primas y un mercado preferente para sus productos e inversiones..
El origen del subdesarrollo incluye múltiples causas. Entre ellas, se pueden destacar la explosión demográfica, la migración interna y el estancamiento económico.
La explosión demográfica tiene su origen en el fuerte descenso de la mortalidad, desde comienzo del siglo XX, mientras se mantienen altas tasas de natalidad .
Como consecuencia, las naciones latinoamericanas enfrentan el problema de una población en constante aumento, que necesita más alimentos y más fuentes de trabajo.
En los años de entreguerras se acentuaron los movimientos migratorios hacia los centros urbanos. Se estima que un tercio de la población de la Argentina, Uruguay y Chile vivía ya en ciudades de más de veinte mil habitantes en 1930, mientras que en otros países grandes la cifra se acercaba al 15 por ciento. A partir de la recuperación económica que comenzó hacia 1933, se intensificó la migración hacia los centros urbanos y se produjeron profundas transformaciones en las pautas de urbanización. En muchas ciudades, no sólo en las capitales, comenzaron a crecer barrios pobres en los suburbios, que recibieron diferentes denominaciones: favelas, villas miseria, cantegriles, etc.
Al mismo tiempo existe el estancamiento económico, producto de que la agricultura no tiene las condiciones de desarrollo necesarias como para abastecer las necesidades de una población creciente, y muchas veces opta por la producción de alimentos para la exportación, sujeta a las exigencias internacionales. La economía continúa siendo monoproductora, agroexportadora y dependiente herencia de la etapa colonial y del siglo XIX.
Hay escasez de capitales nacionales debido al deterioro de los términos de intercambio que se ve compensado, en parte, con las inversiones extranjeras; pero estas llevan parte de sus ganancias al exterior, no generando riquezas que puedan ser reinvertidas.
El escaso desarrollo tecnológico hace que los países latinoamericanos dependan de los desarrollados en la compra de maquinaria, limitando el crecimiento y la competitividad industrial.
La acumulación de capital depende, en general, del sector primario exportador y del mercado internacional.
Desde mediados de los años 50 se produjo un creciente déficit comercial debido al descenso de los precios internacionales de las materias primas y del volumen de las exportaciones.

LA POLITICA

Los cambios económicos y sociales introducidos por la implementación del modelo de crecimiento económico hacia adentro llevaron a fortalecer el papel interventor del Estado y democratizarlo dado que los trabajadores en aumento reclamaron participación en la vida política y mejoras económicas. El deseo del ascenso social impulsó a las clases medias a apoyar regímenes que realizaran reformas económicas y democratizaran la vida política. El sector de la burguesía industrial buscó que el Estado protegiera sus intereses.
En América latina se denominó populistas a los movimientos que surgieron alrededor de los años 40 y que se caracterizaron por ser policlasistas, estar vinculados a los procesos industrializadores y ser políticamente dependientes de una dirección militar y/o carismática.
Surgieron y se desarrollaron al amparo de una coyuntura internacional favorable.
Si bien los populismos respetaron el sistema de elecciones, algunos historiadores los definen como regímenes semidictatoriales. Esto se debió al dominio que el partido de gobierno tenía sobre el Estado, a las restricciones a las libertades individuales y a la persecución de los disidentes.
Realizaron un culto al dirigente quien estableció una relación directa y afectiva con las masas. El líder populista, no pertenecía socialmente a los sectores populares. Muchos líderes fueron militares (Perón, Cárdenas), en una época donde el ingreso al Ejército significaba una posibilidad de ascenso social. Otros eran periodistas (Haya de la Torre) o integrantes de la pequeña burguesía (Getulio Vargas). Poseían cierto nivel cultural, pero se manejaban con un lenguaje sencillo que les permitía acceder a un electorado generalmente poco instruido.
Tenían amplio conocimiento del país y de su gente. No tuvieron una definición ideológica clara. Se proclamaron antimarxistas y anticapitalistas. Pero en los hechos no llevaron adelante reformas estructurales del sistema capitalista y si bien se definieron como antiimperialistas, terminaron aceptando la influencia norteamericana.

En abril de 1961, Fidel Castro proclamó la orientación socialista de su gobierno, y en junio, el Partido Comunista integró la nueva organización unificada en la cual se fusionaron todos los grupos revolucionarios.
Los primeros años de la Revolución (1959-1962)
Resultó decisivo para el curso futuro de la Revolución un conjunto de medidas que iniciaron el proceso hacia la socialización, de la economía y la transformación de la sociedad y la vida política.
En el plano económico se puso en marcha una reforma agraria (17 de mayo de 1959) que eliminaba las grandes propiedades, expropiando las posesiones con más de 400 hectáreas cultivables.
Las tierras expropiadas se repartieron entre los pequeños propietarios privados y las cooperativas, que fueron progresivamente reemplazadas por granjas estatales, organizadas sobre el modelo de los sovjoses soviéticos
La reforma agraria fue seguida de la nacionalización de las grandes empresas industriales, comerciales y bancarias, entre ellas refinerías, compañías eléctricas y telefónicas, propiedades inmuebles y grandes almacenes.
La puesta en vigor de estas leyes revolucionarias –que afectaban intereses de grupos de poder económico cubanos y, especialmente, estadounidenses- deterioró progresivamente las relaciones entre ambos países hasta culminar con la ruptura, el 2 de enero de 1961.
El ámbito educativo fue, sin duda, el de las mayores realizaciones. Más de un millón de personas (el 23,6% de la población) no sabía leer ni escribir y el 50% de la población en edad escolar jamás había asistido a la escuela. Ante este panorama, la Revolución se propuso varias tareas, siendo prioritaria la erradicación del analfabetismo. Desde el punto de vista político se creó un marco institucional propio, definido como democracia directa, caracterizado por un régimen de partido único que concebía al Partido Comunista como la fuerza dirigente de la sociedad y del Estado. Un sistema de participación popular a través del Comité de Defensa de la Revolución.
La oposición ha sido silenciada y reprimida: se ha generado un número importante de exiliados que, desde Miami, han intervenido en muchas oportunidades en los enfrentamientos de Estados Unidos con Fidel Castro.

REALIDAD ACTUAL DE AMERICA LATINA

Desarrollo Desigual de Clase, Lucha étnica y Anti-imperialista

Los movimientos y luchas populares latinoamericanos reflejan una compleja pauta de avances y retrocesos, que dependen de circunstancias específicas y momentos puntuales. No hay ninguna "nueva ola" general de victorias o derrotas. En el lado positivo está la victoria del movimiento popular en Venezuela - derrotando dos golpes de estado orquestados por EEUU y el programa de reforma agraria del Presidente Chavez que promete colocar a 100.000 familias hacia agosto del 2003. En Bolivia, el MAS y los movimientos sociales, sobre todo los cocaleros, han bloqueado satisfactoriamente el programa de privatización del gobierno del Presidente Sánchez de Losada y han acrecentado su apoyo electoral y de masas. En contraposición, en Ecuador y Brasil, la adopción del neoliberalismo por parte de los Presidentes Lucio Gutiérrez e Inacio Lula representa un debilitamiento temporal de la izquierda y la lucha de masas.

El desarrollo desigual de la lucha popular de masas se produce en toda América Latina – Perú avanza, Chile está estancado, Argentina en declive pero la guerrilla Colombiana se expande. La clave para comprender el reflujo y flujo de la lucha de masas en América Latina requiere que vayamos más allá de un análisis de las crisis económicas y examinemos la cuestión política - en particular la relación entre la política electoral y la de masas. La razón está clara: todas las economías latinoamericanas están en crisis profunda y adolecen de generar desigualdades sociales - pero en algunos países, la lucha avanza y en otros declina.

La clave para entender el desigual desarrollo de la lucha se encuentra al observar las diferentes relaciones entre movimientos sociales y formaciones políticas. En Bolivia, Venezuela, Cuba, los movimientos de masas están vinculados a formaciones políticas populistas y socialistas - que promueven los objetivos de los movimientos. En Brasil y Ecuador los movimientos de masas están (¿o estaban?) vinculados a regímenes políticos y partidos neoliberales que se oponen a las reivindicaciones básicas de los movimientos populares y están ligados al Fondo Monetario Internacional y a élites neoliberales. En Perú, Colombia y México los movimientos de masas y guerrilleros progresan porque son independientes de los regímenes neoliberales y de los partidos burgueses. En Argentina, y en mucho menor grado en Paraguay y Uruguay, los movimientos de masas no son capaces de construir una alternativa política - como consecuencia las heroicas luchas y protestas de masas no se han traducido en un desafío serio para el poder estatal sinó que han permitido a partidos electorales burgueses y reformistas capitalizar el descontento con la elección de Kirchner en Argentina y el Frente Amplio en Uruguay.

La Situación Socioeconómica

La situación objetiva en América Latina está "madura" para una transformación social. Todos los principales indicadores sociales son negativos. Si tomamos la cifra realista de USD 5 diarios como nivel de pobreza, más del 70 % de latinoamericanos viven en la pobreza y casi el 40 % son indigentes - viviendo con menos de USD 2 al día. En Argentina, el país más rico en producción de carne y cereal per cápita, casi el 60 % de las población vive en la pobreza y un tercio es indigente. Brasil ha estado en recesión durante más de 3 años y ha pagado más de 60 mil millones de dólares de deuda, mientras que tanto Cardoso como Lula han reducido la financiación pública para vivienda, salud, educación y reforma agraria. En México, Uruguay, Bolivia, Colombia y Venezuela las economías están en profunda crisis, a medida que el modelo neoliberal basado en exportaciones, transfiere al exterior los ingresos por exportaciones en forma de remesas de beneficios, pagos de deudas y evasión fiscal. Las desigualdades se han extendido durante los 5 años últimos por toda América Latina: bajo los programas de austeridad introducidos en Brasil, Argentina y México, las clases altas aumentan sus ganancias gracias a impuestos más bajos, pago de salarios inferiores y pagos más reducidos de seguros sociales - a expensas de los trabajadores.
El estancamiento económico crónico y las desigualdades sociales no han cambiado con las elecciones de Lula en Brasil, Gutiérrez en Ecuador o Toledo en Perú – si acaso la situación socioeconómica ha empeorado. Durante los 6 primeros meses del 2003 Brasil muestra un índice de crecimiento negativo del 1 %, Gutiérrez ha polarizado el país, favoreciendo a los inversores extranjeros y perjudicando a los campesinos e indios, y Toledo que ha seguido a la perfección la fórmula del Fondo Monetario Internacional, afronta protestas callejeras masivas de todos los sindicatos principales, organizaciones de campesinos y federaciones de estudiantes del país.



El ascenso y derrumbe de la “Cuarta Ola de Neoliberalismo"
El neoliberalismo se parece a un gato con nueve vidas. En cada década desde mediados de los años 1970 hasta la fecha, han surgido nuevos dictadores o presidentes, que prometían "modernizar" el país por medio de "política de libre mercado" regida por la exportación y han dejado el poder con ignominia, o han sido expulsados por incompetentes, corruptos, o ambas cosas. Sólo para ser sustituidos por una nueva versión de lo mismo, con cada nuevo presidente prometiendo "cambios" y realizando "ajustes" aún más severos que empobrecen más al país. El período actual no es ninguna excepción - Da Silva, Gutiérrez, Fox, Toledo se presentaron como los "presidentes del pueblo" durante su campaña electoral, pero una vez resultaron elegidos prosiguieron con y ahondaron en la agenda neoliberal y sus lazos con el imperialismo estadounidense. Esta "cuarta ola" de neo-liberales despierta una nueva ronda de confrontaciones profundas.
Las protestas de masas más recientes han ocurrido en Bolivia dirigidas por los cocaleros de Chapare, los 'fabriles' de Cochabamba, los mineros de los Andes y los pobres urbanos de La Paz; en Perú los maestros de la escuela pública han lanzado una huelga general, apoyada por agricultores y campesinos contra los salarios miserables y los bajos precios de los productos agrícolas que son consecuencia de la importación de grano y cereales subvencionados estadounidenses. Las mismas alianzas maestro-agricultor-campesino se encuentran en México y Colombia; en Venezuela las masas urbanas que derrotaron a los golpistas apoyados por EEUU organizan círculos Bolivarianos y presionan al gobierno Chávez para que lleve a cabo cambios estructurales y de política redistributiva más radicales en la economía y la sociedad. En Colombia, los dos grupos guerrilleros - el FARC-EP y el ELN han rechazado de modo satisfactorio todas las importantes ofensivas militares desde que el Presidente Uribe subió al poder - y hoy su régimen es más débil y menos capaz de lograr apoyo político y económico para la guerra, excepto por parte del Pentágono. En Ecuador, dirigidos por CONAIE y en Brasil, dirigidos por el MST, los movimientos de masas comienzan a expresar sus críticas respecto a los nuevos regímenes que al principio apoyaron, a medida que crece la frustración sobre la política neoliberal y la derecha, incluyendo a grupos paramilitares que toman la ofensiva en Brasil, aprovechando la favorable política de "agro-exportación" de los Presidentes electos.


Como las élites financieras en EEUU y Europa reconocen que Lula, Gutiérrez y Toledo cuentan sólo con un tiempo limitado para implementar las "reformas" neoliberales del Fondo Monetario Internacional – les urgen a actuar enérgica y rápidamente antes de que queden políticamente aislados y tengan que encarar las confrontaciones de masas. A pesar del derrumbamiento inminente de la “cuarta ola” de regímenes neo-liberales, las alternativas políticas populares sólo son visibles en Cuba, Venezuela y Bolivia.
 


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